A dos días de la ausencia de Rubén Rocha Moya en la gubernatura, persiste la incertidumbre sobre el rumbo de Sinaloa.
En Culiacán, el panorama sigue marcado por calles semivacías, retenes militares y policiacos permanentes, negocios cerrados y una violencia que no cede.
Mientras Yeraldine Bonilla Valverde rendía protesta como gobernadora interina el sábado, un conductor fue acribillado con nueve disparos en la zona del Pedregal del Humaya, a pocos kilómetros del Congreso estatal. Horas más tarde, ya con la nueva mandataria en funciones, se registró otro homicidio por ataque directo frente a un centro comercial sobre el bulevar Lola Beltrán.
En su primer mensaje, Bonilla Valverde calificó como “falsas” y “dolosas” las acusaciones de narcotráfico contra Rocha Moya y expresó respaldo: “Confiamos en la inocencia del gobernador, el doctor Rubén Rocha Moya”.
Desde la noche del viernes, el mandatario con licencia desapareció de la vida pública. Habitantes de Culiacán aseguran que permanece en su domicilio en Musalá Isla Bonita, resguardado por escoltas. En las inmediaciones, un espectacular con la frase “Culiacán quiere vivir en paz” sintetiza el reclamo social ante la violencia asociada a la pugna entre facciones del Cártel de Sinaloa.






