Temblores encienden las alarmas en Asia este martes. Un sismo de gran magnitud golpeó China, mientras otros movimientos telúricos sacudieron Japón e Indonesia. Esta inusual cadena de eventos dejó víctimas, heridos y daños materiales en diversas zonas del continente.
Víctimas y rescates en territorio chino
En la provincia de Qinghai, al noroeste del país, un movimiento de magnitud 6.3 cobró la vida de una persona y dejó cuatro heridos. El epicentro se ubicó a 10 kilómetros (km) de profundidad en la meseta tibetana. Ante la emergencia, las autoridades enviaron equipos de rescate con perros de búsqueda hacia la prefectura de Haixi. La altitud de la zona montañosa, superior a los 4 mil metros, representa un desafío para las labores de auxilio.
Daños estructurales y pánico en Indonesia
La isla de Célebes sufrió un impacto de magnitud 6.7, con epicentro a 43 kilómetros al este-sureste de Palu, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos. Las sacudidas provocaron el colapso de techos, destrozaron paredes y esparcieron escombros por las calles. Ante el peligro inminente, varios hospitales evacuaron a sus pacientes hacia el exterior como medida de seguridad para evitar tragedias mayores.
Los habitantes huyeron hacia zonas abiertas por temor a un tsunami, aunque la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica descartó ese riesgo. El recuerdo del desastre de 2018, cuando un fenómeno de licuefacción y olas gigantes dejó miles de muertos, mantiene a la población en alerta. Las réplicas continúan, obligando a muchas familias a permanecer a la intemperie para proteger sus vidas.
Alerta en la capital nipona por el Anillo de Fuego
El este del territorio japonés registró un evento de magnitud 5.5 bajo la prefectura de Ibaraki, a unos 50 km de profundidad. La Agencia Meteorológica de Japón confirmó que las sacudidas se sintieron con fuerza en Tokio. Algunas localidades de Gunma alcanzaron un nivel 5 inferior en la escala sísmica nacional, diseñada para medir la agitación sobre la superficie y el potencial destructivo.
El país asiático se asienta sobre el Anillo de Fuego, una de las zonas con mayor actividad sísmica del mundo. Gracias a sus infraestructuras diseñadas para resistir estos embates de la naturaleza, no se emitieron alertas de tsunami ni se registraron daños materiales o víctimas. Las autoridades mantienen el monitoreo preventivo para garantizar la tranquilidad de los residentes en las áreas afectadas.






